Mi más grande amor

Hoy es el día antes. Mañana no voy a poder llenarte de besos en la panza cuando despiertes, mañana no voy a estar contigo cuando te despiertes feliz y sonriendo, como y porque has tenido el sueño más lindo con ponies, bebés (que así les dices a los animales, todos los animales) y angelitos; rascándote tu ojito y reclamando que te lo limpien diciendo “oho… oho”. No sé por dónde empezar. Empezaré diciendo que nunca pensé… en general. Nunca pensé, nunca sentí, nunca viví hasta que llegaste. Hasta que te anunciaste, y me caí de miedo (sí, iba a decir otra cosa, pero frente a tí solo diré palabras lindas aunque sea uno de los cambios más difíciles para mí). Es increíble, es rapidísimo, es imposible lo mucho que has crecido y aprendido y enseñado en estos dos años de gato feliz que cumples. Dos años y ya no eres mi bebita chiquita que estiraba los brazos y los movía con poca coordinación para que te carguen cuando recién habías nacido, ahora si quieres que te carguen dices “emí, emí!” (solo tú sabes por qué), ya sea porque quieres bailar, porque quieres ver el mar, porque quieres ver la calle, porque te quieres ver en un espejo, porque quieres celebrar un gol, o porque quieres dar un beso abrazando el cuello. Ya a tus dos añazos no tomas tetín, pero comes hasta muebles. Princesa no hay nada que no te guste, no ha habido hasta el día de hoy comida a la que le hayas hecho gesto, ni el hígado, ni la quinua, que son ricas, pero no soy su más acérrima hincha, y tu bebida favorita, es el agua, simple, pura, vital, completamente tú. Ya no te hechas a ver tu móvil, o a jugar en el gimnasio de osita; preparas tus comiditas, dices “pueba” dando una cucharita a quien esté cerca, o lejos y vas a buscar quién más te diga que está riquísimo. Paseas a tus muñecas, según tú, les cambias el popó, las arrullas… me haces sentarme en medio del cuarte y me llenas de ganchos, peines enredados en la punta del pelo, me pones coronas y me echas cremas en la cara (culpa mía que te dejo verme mientras me hago la menjungeada antes de dormir). Ya no quieres salir en coche, aunque mi columna me haga llevarlo de todas maneras para cuando te pueda convencer, porque amas caminar, correr, saludar, tratar de atrapar los “bebés”, ver las “fores”, y cantar, cantar gritando con los bracitos y haciendo coreografías súper dramáticas en medio del parque, el centro comercial, la casa de papá, nuestra casa. Ya no solo me miras y sonríes, ya no solo tratas de agarrarme la cara, ahora me jalas, me exiges, me abrazas, me besas con todo el amor y la dulzura del mundo, algo que nunca pensé que existiera. Nunca debe ser así, y trato de evitarlo lo más que puedo, pero cuando ves que estoy triste, que tal vez estoy llorando, vienes, sabes dónde están tus tissues de muñequitos, me limpias los ojos, con todo el interés y preocupación del mundo en las dos estrellas que tienes como ojos, me besas, me miras y me sonríes, me haces pasar de tristeza, preocupación, desesperación a una felicidad tan desbordante, que vuelvo a llorar, te abrazo y trato de explicarte que a veces, la gente es tan feliz que llora, pero tú aún no lo entiendes mi gatita. Tú solo entiendes de felicidad, de risas, de malacrianzas! porque también… Si quieres hacer algo, si te quieres quedar en un lugar no haces berrinche, solo dices tajantemente NO. “Andrea vamos a guardar los juguetes” “NO”. “Andrea, no fastidies a tu prima” “NO”. No sé si será que eres decidida, terca,… solo sé que nunca vas a hacer algo que te quieran obligar a hacer, porque cuando se te habla bien, hasta ayudas de más.
Llegaste para abrigarme en las noches, llegaste para hacerme más neurótica, llegaste para jugar con Avil (que así le dices), llegaste para comerte todos los panes, llegaste para que mamá se enamore más de papá, no solo Mary de Andy. Llegaste para enseñarme lo rico que es dormir abrazándote, o contigo agarrada de mi pelo.

Ahora, hoy, solo le ruego a Dios y a la Virgen del Carmen que te vio nacer en su día, que no crezcas, que retrasen eso lo más que puedan cuando no estoy contigo, cuando tengo que trabajar, cuando no puedo darte de almorzar o hacerte dormir por las tardes, que solo lo hagas frente a mis ojos.

Mi pequeña selora. Mi más grande amor.

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