The day the music died

Y así, de un momento a otro, te cambia la vida. Lo que soñaste y resoñaste, años de años, lo que soñaste, por lo que rezaste ocurre por un maravilloso limbo de tiempo. No sabes cuánto. Duró. Se mantuvo. Se movió como en una marea, como en una tormenta, pero tu botesito inflable siempre, siempre salió a flote en ese periodo de tiempo. Ese maravilloso y suspendido tiempo. Es difícil, es doloroso, es imposible reconocer que se quiera hacer daño, a conciencia, sabiendo que lo que se haga desencadenaría una serie de sucesos. Es imposible pensar que se calculó, sonriendo fríamente y saltando de felicidad cuando te vieron como antes. Te destruyes, literalmente. Pones cara de estar resfriada para no maltratar su inocencia, para no preocuparla más de lo que le deben preocupar las inyecciones de sus ponies.

Y después está el día después. Cuando te levantas, cuando sales de la ducha y todo es igual. Hasta que te das cuenta que no sabes por dónde empezar a recogerte, a limpiar el desastre que eres y en realidad sabes que hacerlo sería en vano, porque sabes que te vas a romper más seguido los días siguientes. Tan seguido, que en un punto cuando te vuelvas a romper, ya no lo notarás, ya no lo sentirás. Sabes que va a ser real. Eso tal vez es lo que más cólera da: enfrentarte a lo que siempre pensaste que nunca pasaría. “Pero yo soy buena onda, eso no me va a pasar a mí, trato de ser honesta, cuido a mi tesoro, eso solo le pasa a las ‘malas’, eso no me va a pasar a mí”. Pero y si te pasa? Y si te tienes que enfrentar a eso? No, no entiendes? La metafísica, el Universo y San Juditas Tadeo no lo van a permitir. Deja de joder.

Y otra vez estás aquí, sabiendo que es tu culpa, tu responsabilidad, que ella nunca sabrá (de hecho que sí) lo que le negaste. Que una de las primeras cosas que no entenderá de ti, es porqué lo hiciste, o porqué lo dejaste de hacer. Sabes que ahora esa va a ser la primera de muchas, muchísimas preguntas que tendrá para ti. Que ruegas que no la marque. Que rezas más fervientemente que nunca que se pueda revertir. Que todo regrese a ser igual. Que todo regrese a ser mejor. Que todo lo que soñaste, todo lo que estaban construyendo no sea en vano. Que se acuerde Dios y Universo de todo lo que hiciste y dejaste de hacer a conciencia, porque esto no puede ser así, no debe ser así, mierda!

Y pasas de víctima de 5 años, a verdugo, te acaban de poner esa capucha negra y no sabes por dónde debes mirar. No sabes por qué está él delante, arrodillado con las manos atadas. Miras alrededor desesperada, nadie puede ver tu cara cubierta. Hay gente alegre, hay gente expectante, esperan que lo hagas. Te dan un hacha. La sueltas. Te vas corriendo, te sacas la capucha.

Pero no te das cuenta que no lo has evitado. Alguien más se va a poner la capucha, alguien que quiere hacerlo, lo va a hacer.

El deseo. El deseo sin miedo.

Eso fue lo que te trajo aquí. El miedo. Solo ruego que no sea muy tarde. Solo ruego que se pueda componer. Que lo pueda componer alguien más. Porque ciertamente, yo aún no encuentro mis piezas para armarme yo sola.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s